Maria E. Ward
(1863-1941)
La ciclista neoyorquina que convirtió el pedal en símbolo de libertad femenina.
Biografía de Maria E. Ward
«¡Monta y vete!». Con esta orden, tan sencilla como revolucionaria, arrancaba en 1896 uno de los manuales de ciclismo femenino más completos de finales del siglo XIX: Bicycling for Ladies. Su autora, Maria Emily Graham McKnight Ward, sabía bien de qué hablaba: llevaba años pedaleando por Staten Island junto a su amiga y fotógrafa Alice Austen, desafiando con cada trayecto las convenciones de su época.
Nacida en Manhattan en 1863 y criada en el ambiente acomodado y progresista de Staten Island, Ward formaba parte de esa generación de mujeres que empezaba a llamarse «la nueva mujer»: educadas, económicamente independientes y decididas a ocupar espacios que hasta entonces les habían sido negados. En 1895 cofundó junto a Austen el Club Ciclista de Staten Island, y un año después publicó su manual, ilustrado con 34 estampas basadas en las fotografías de su amiga, aunque el nombre de esta última nunca apareciera en el libro.
Ciclismo para mujeres no era solo un manual técnico. Bajo los consejos sobre mecánica, indumentaria o postura se escondía una declaración de intenciones: la bicicleta como herramienta de libertad física, mental y social. Ward desaconsejaba el corsé para pedalear —ella misma había patentado en 1893 un sistema para facilitar su abrochado— y defendía con firmeza el uso del pantalón bombacho, prenda todavía considerada escandalosamente masculina.
Más allá del ciclismo, Ward compitió en tenis, golf, natación y equitación, y mostró un inesperado interés por la salud pública: en 1896 y 1897 publicó artículos sobre los métodos de desinfección en las estaciones de cuarentena de inmigrantes de Nueva York, de nuevo acompañada por las fotografías de Austen.
Nunca se casó. Vivió junto a su hermana Caroline hasta el final de sus días, y murió en septiembre de 1941, seis meses antes que ella. Hoy, buena parte de lo que sabemos de Maria E. Ward llega filtrado a través del legado fotográfico de Alice Austen, la amiga que la retrató una y otra vez sobre una bicicleta, capturando sin saberlo el instante exacto en que una generación de mujeres empezaba a moverse por sí misma.
Maria y sus amigas
Delia Marie Elliott, conocida como Daisy (1857-1951), amiga común de Maria E. Ward y Alice Austen.
Maria E. Ward y amiga
Ciclismo para señoras
En 1895, en pleno apogeo de furor ciclista, dos amigas cofundaron a las afueras de Nueva York una asociación, el Club Ciclista de Staten Island. Ellas eran Maria E. Ward y Alice Austen, la fotógrafa en cuyas imágenes se basan las ilustraciones que acompañan este texto.
En 1896 publicaría en Estados Unidos este libro, Ciclismo para señoras. Con un gesto tan aparentemente simple como subirse a una bicicleta y empezar a pedalear comenzaba en el último tercio del siglo XIX una revolución femenina
Publicado por Bravas Literatas
Edición anotada y contextualizada
Incluye fotografías originales de Alice Austen
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Curiosidades de Maria E. Ward
La fotógrafa invisible del libro
Las 34 estampas que ilustran Ciclismo para señoras están basadas en fotografías de Alice Austen, la mejor amiga de Ward y cofundadora junto a ella del Club Ciclista de Staten Island en 1895. Sin embargo, el nombre de Austen nunca apareció en el libro. Hoy Austen es mundialmente reconocida como una de las fotógrafas pioneras de finales del XIX, pero en su momento su trabajo quedó en un segundo plano, oculto tras las páginas de su amiga.
La modelo que luego cruzó los Alpes en bici
La mujer que aparece posando en las ilustraciones —montando, transportando y reparando la bicicleta— era Delia Marie Elliott, conocida como Daisy, otra amiga del círculo de Ward y Austen. Un año después de posar para el libro, en 1897, Daisy protagonizó su propia aventura: recorrió Europa en bicicleta junto a otra amiga, Caroline T. Lawrence, cruzando los Alpes a través de Suiza, Italia y Francia.
Una patente antes que un manual
Tres años antes de publicar su famoso libro, en 1893, Ward ya había registrado una patente: un pasacintas para facilitar el abrochado de los corsés. No es un dato menor — en Ciclismo para señoras desaconsejaría directamente el uso del corsé para montar en bicicleta, o recomendaría en su defecto una versión corta y elástica. Su interés por la reforma del vestir femenino venía, literalmente, de antes que su interés por el pedal.
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