VIAJERA ・ESCRITORA ・PENSADORA
Teresa de la Parra
(1889 – 1936)
Biografía de Teresa de la Parra
Teresa nació en París casi por casualidad —sus padres venezolanos estaban allí de paso— y pasó su infancia entre los cañaverales de una hacienda cerca de Caracas, hasta que la muerte de su padre lo cambió todo: con apenas once años, se encontró interna en un colegio religioso en Valencia, lejos de casa, con la nostalgia y los libros como única compañía. Fue ahí, entre lecturas prestadas, donde empezó a intuir que quería escribir.
De vuelta en Caracas ya de joven, se dedicó a algo que hoy nos resulta muy familiar: escuchar. Se sentaba en las tertulias, tomaba nota del modo de hablar de su gente, coleccionaba expresiones y matices, sin saber todavía que ese material se convertiría en literatura. En 1924 publicó, firmando con un nombre heredado de generaciones de mujeres de su familia, la novela que la haría inmortal: Ifigenia. Un libro incómodo, que preguntaba en voz alta si casarse era realmente lo único que le quedaba a una mujer inteligente y con inquietudes propias. Ganó un premio en París y encendió más de una polémica en Caracas.
Por esos años entabló una de las amistades más bonitas de su vida: la de Gabriela Mistral, con quien compartió cartas, tertulias y una complicidad que duraría hasta el final. Viajó, dio conferencias sobre el papel silenciado de las mujeres en la historia americana, y soñó con escribir una biografía de Bolívar que nunca llegó a terminar. En 1929 publicó Memorias de Mamá Blanca, escrita durante un retiro en Suiza, evocando con ternura los paisajes de su infancia.
La tuberculosis se la llevó demasiado pronto, en Madrid, en 1936. Murió acompañada por Lydia Cabrera, su gran amor, en un piso que Gabriela Mistral visitaba a menudo para hacerle compañía. Hoy descansa en el Panteón Nacional de Venezuela, pero su pregunta —¿tiene que ser esto lo único que puedo ser?— sigue teniendo eco.
Teresa de la Parra y su gente
Teresa y Lydia en un carnaval en Caracas en 1928
Diario de una caraqueña en el lejano oriente
En 1920, Teresa de la Parra publica en la revista Actualidades “Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente”. A partir de las experiencias vividas por su hermana, nos describe en forma de diario su viaje desde Estados Unidos hasta Japón y China, contando multitud de anécdotas y curiosidades.
Unos años más tarde, en 1930, participa en una serie de conferencias realizadas en Colombia sobre el papel de la mujer en la cultura latinoamericana. Para esta ocasión, Teresa de la Parra escribe tres conferencias que conforman la segunda parte de este libro y que la autora denominó: “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana”.
Publicado por Bravas Literatas
Edición doble: Diario de una caraqueña en el lejano oriente + Influencia de las mujeres en la formación del alma americana
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Curiosidades de Teresa de la Parra
Una relación silenciada por sus editores
Décadas después de su muerte, investigadoras como Sylvia Molloy sacaron a la luz que los diarios originales de Teresa de la Parra documentaban una relación romántica con Lydia Cabrera. Cuando se publicaron esos diarios, la editora eliminó y reescribió los pasajes más explícitos, alegando que «las mujeres somos muy afectuosas» — un silenciamiento que la crítica contemporánea ha empezado a revertir.
Una novela nacida de cartas de viaje ajenas
Su primer texto publicado, el «Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente», no era un relato autobiográfico sino una ficción construida a partir de las cartas de viaje que le enviaba su propia hermana. El viaje, aunque no fuera el suyo, ya estaba en el origen de su escritura.
El apartamento de Madrid como último refugio compartido
En sus meses finales, Teresa compartió piso en Madrid con Lydia Cabrera, quien —según sus propias palabras— escribió su libro Cuentos negros de Cuba «para entretenerse» mientras cuidaba a Teresa. Fue en ese mismo espacio donde Gabriela Mistral se convirtió en visita frecuente, cerrando un triángulo de amistad literaria que acompañó a Teresa hasta su muerte en 1936.
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